Call of Duty: Black Ops II


Foto: Xbox

Y un día Treyarch se animó a hacer algo distinto. Call of Duty viene amasando seguidores hace tiempo con una fórmula clásica, sencilla y sumamente efectiva. Si bien se puede ver una evolución en la franquicia a lo largo de sus distintas entregas, en ninguno se ve de forma tan marcada como en este caso. Mientras los cambios que se pudieron ver en el pasado tuvieron más que ver con el paso de un entorno histórico (Segunda Guerra Mundial) a uno moderno (a partir del Call of Duty: Modern Warfare), la jugabilidad siempre se mantuvo dentro de ciertos parámetros convencionales a las posibilidades de un FPS (First Person Shooter).

Una historia desestructurada, armas futuristas, fuerte desarrollo de trama y finales alternativos son algunos de los ingredientes de este juego que fija nuevos parámetros para entregas futuras, tanto de la saga como dentro de su género.

La campaña principal en single-player nos presenta dos historias interconectadas: La primera ambientada entre 1986 y 1989 durante la Primera Guerra Fría, y la segunda en 2025, durante una ficticia Segunda Guerra Fría, librada entre China y Estados Unidos. El segmento de 1986 está protagonizado por Alex Mason (protagonista del juego anterior de la saga), y nos muestra el ascenso al poder de Raúl Menendez, principal antagonista del juego. La parte del futuro la protagoniza el hijo de Alex, David Mason. Este entretejido generacional en la narrativa y desarrollo de personajes es el primer golpe de genialidad que hay que resaltar del juego. La trama adquiere un nivel de complejidad realmente desarrollado y se vuelve emotivamente mucho más resonante. Es un juego “de disparos,” sí, pero es la historia la que realmente nos hace avanzar en sus misiones y nos deja pensando luego de concluir, algo realmente novedoso para la saga.

La historia y la forma en la que está ejecutada en sí ya hacen que sea un juego destacable, pero donde realmente se separa de sus predecesores es en la introducción del factor elección. Algunos momentos y recursos argumentales que en otro momento podrían parecer irrelevantes (como decidir dispararle o no a alguien) pueden resultar en buena fortuna o desgracia a medida que se desarrolla la historia. Fallar un objetivo puede resultar en misiones más difíciles en lugar de una pantalla de reinicio. Esto nos da una amplia variedad de posibilidades que hacen que valga la pena volver a jugar el juego repetidas veces, para ver qué hubiese pasado si hubiésemos tomado otras decisiones. En definitiva, el jugador mismo le va dando forma a la historia y esto lo vuelve un juego sumamente orgánico e impredecible.

El sistema de disparo es igual de preciso que siempre y el nivel de detalle en el entorno, las explosiones y los vehículos hacen que sea una experiencia sumamente envolvente que realmente nos hace creer la situación que nos hace vivir. Es como vivir nuestra propia película de acción. La fórmula clásica del FPS está llevada a nuevos niveles de excelencia. Es notable lo natural que resultan los elementos exóticos a nivel realismo, ya que si bien la historia se anima a transitar el difícil camino de la ficción histórica futurista (con armas y un tipo de guerra que aún no conocemos en la realidad) lo hace con un nivel de realismo verdaderamente notable, que en ningún momento nos deja pensar que lo que estamos viendo no tiene sentido. Una vez que arranca, no cuestionamos nada de lo que se nos plantea, y sencillamente nos dejamos llevar por la historia y por el entretenido sistema de juego, que nos lleva hasta el final dejar de satisfacer un segundo.

Es muy difícil hacer una crítica negativa al juego. El sistema modo multiplayer no presenta un nivel de innovación tan radical como la campaña en single-player, pero aún así ofrece varias opciones y modos que lo ubican un escalón más arriba que lo que vino antes. Tiene un nivel de personalización de clases previamente jamás visto, evidenciado en el sistema de “elegir 10,” mediante el cual podemos invertir diez puntos como queramos, cada uno en un arma o característica especial. La cantidad de combinaciones posibles es ilimitada.

Treyarch podría haber ido a lo seguro con un juego que mantuviera la estructura clásica y hubiese generado un altísimo volumen de ventas de todas formas, sin embargo se atrevió a ir un paso más adelante e innovar con un producto tan completo, que va a ser difícil jugar otro FPS sin pensar en las posibilidades que vemos evidenciadas aquí. Call of Duty: Black Ops 2 no sólo es un brillante FPS, sino uno de los mejores juegos de los últimos años.

Puntuación: 10/10.